Editorial Mise ‘N Place
La primera edición de los Premios Summum Ecuador se sintió bien. Ver la sala llena de cocineros, sommeliers, productores, comunicadores y comensales nos envió un mensaje claro: el país tiene la disposición de juntarse, de reconocerse y de trabajar en equipo para mostrar una gastronomía cocinada en uno de los territorios más biodiversos del planeta. Solo eso ya es una ganancia. En ese contexto, los galardones, aunque importantes, pasaron a segundo plano.
Summum fue una celebración colectiva, un punto de encuentro y un hito en la historia culinaria ecuatoriana. No solo porque reunió, por primera vez en mucho tiempo, a buena parte de la industria bajo un mismo techo, sino porque lo hizo con espíritu festivo y constructivo. La intención fue clara: empezar una tradición que reconozca la excelencia de nuestras cocinas, la diversidad de propuestas, la descentralización del reconocimiento y el talento que ha puesto a Ecuador en el mapa gastronómico mundial.
Como toda primera edición, Summum dejó también espacio para el análisis. Algunos asistentes y observadores se preguntaban por qué ciertos restaurantes estaban nominados en categorías que no les correspondían o por qué predominaban los nombres de la capital. La respuesta podría estar en el origen de los votantes, en su mayoría quiteños, lo que inevitablemente inclina la balanza hacia los restaurantes más cercanos a su experiencia cotidiana.
Si esta fórmula se mantiene, los premios corren el riesgo de consolidar una visión centralista, en detrimento de ciudades como Guayaquil, Cuenca o Manta, donde la gastronomía vive también un momento de madurez y expansión. Corregir esa asimetría será clave para que Summum se consolide como un termómetro verdaderamente nacional.
La gala fue también un espacio para la reflexión.
André Obiol, chef, empresario y gestor gastronómico, lo resumió con lucidez:
“El producto está, el talento está; yo creo que aquí falta un poco más de promoción a nivel internacional. Tenemos que seguir trayendo premios internacionales al país. Yo creo que estamos por buen camino.”
Por su parte, Pía Salazar, ganadora del Premio Chef Mundo y recientemente nombrada la Mejor Pastelera del Mundo por The Best Chefs, subrayó la importancia de la visibilidad:
“Es importante visibilizar a los cocineros y el trabajo que estamos haciendo los demás.”
Desde San Vicente, Valentina Álvarez, de Iche Escuela y Restaurante, al recibir el Premio a la Sostenibilidad, dijo:
“Esto pone en los ojos de todo el Ecuador un proyecto tan importante. Importante por lo que hace a través de la gastronomía con propósito, tratando de transformar un territorio. Eso a mí me llena de amor.”
Y añadió:
“Esta noche me siento feliz de estar con todos mis amigos y colegas, y de que se reconozca el trabajo de los cocineros. Hay unas ganas de poner a la gastronomía en el lugar que se merece.”
A su vez, Santiago Granda, director de La Escuela de los Chefs, coincidió:
“Hay muchos restaurantes que se merecen reconocimientos, porque estamos en el mejor momento de la cocina ecuatoriana.”
Hay una frase que se repite como un eco en cada encuentro gastronómico: para que nuestra cocina sea reconocida, primero tenemos que creérnosla nosotros mismos. Quisiéramos pensar que los Premios Summum serán una piedra fundamental en esa construcción.
Porque si algo quedó claro en esta primera edición es que Ecuador tiene con qué: producto, talento, creatividad y ahora, una plataforma que puede convertirse en el espejo donde se mire el futuro de nuestra gastronomía.
Entre los galardonados de esta primera edición, en el orden de la ceremonia:
Top 20 restaurantes del país:
Estos nombres confirman que el talento y la calidad están repartidos a lo largo del país, aunque también evidencian la necesidad de revisar el sistema de votación y las categorías.
Más allá de los premios y los nombres, lo que se vivió fue una gran fiesta de la gastronomía ecuatoriana. Un ambiente marcado por la camaradería, la alegría y la emoción de sentirse parte de algo más grande. La industria, con sus matices y desafíos, demostró estar dispuesta a remar hacia un mismo puerto: el del reconocimiento, la profesionalización y la unión.
Y desde nuestra revista digital, estamos listas con nuestro remo.
todo en su lugar, todos en la mesa
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