Por Adelaida Jaramillo
En Ecuador, la publicación de la lista de 50 Best Restaurants se espera cada vez con mayor interés. El primer restaurante en entrar en este ranking fue Nuema, de Quito, y, sin duda, el Nuema que visité por primera vez hace cuatro años no es el mismo que visito hoy. Ese efecto catalizador que ha estimulado el desarrollo de los restaurantes en la región es uno de los componentes positivos de estas listas, en especial de esta, aunque existan detractores que critiquen el sistema de calificación.
Ayer se publicó la lista del 51 al 100 de Latin America’s 50 Best Restaurants y, quienes estamos vinculados a esta industria celebramos el ingreso de nuevas propuestas, el ascenso de restaurantes cuyo crecimiento hemos seguido de cerca y, por supuesto, la presencia de proyectos locales. Pero ¿qué es esta lista extendida y qué beneficios trae a quienes aparecen en ella? Eso es lo que buscamos desenredar.
En Ecuador, Clara, que fue “One to Watch” en 2024, subió al puesto 60. Tributo avanzó del puesto 92, ocupado en 2024, al 68. Detrás de estos cocineros se nota el trabajo, la claridad en los mensajes de sus restaurantes y también, muy importante, las ganas de mostrarse. Un restaurante sin un mensaje coherente entre menú, filosofía y comunicación está lejos de poder entrar al ruedo.
Desde Ecuador, Luis Maldonado, de Tributo, asegura que su inclusión no cambió su manera de trabajar, pero sí reforzó la confianza de su equipo: “Las listas vienen de la mano de personas con criterio gastronómico y con curaduría. Esto nos ha permitido tener un sentido de pertenencia por lo que estamos haciendo y creer más en el trabajo con la vaca vieja andina”.
Para Felipe Salas, de Clara, el impacto se siente sobre todo en el turismo gastronómico: “Ayuda a atraer gente de afuera. Dentro de Quito aún falta conocimiento sobre estas listas”.
La gestora gastronómica Verónica Socarrás coincide en el efecto sobre los destinos: “Las listas, en especial la de Latin America’s 50 Best Restaurants, tienen un impacto muy positivo, sobre todo para los restaurantes que recién ingresan. Es una plataforma que da visibilidad nacional y regional, y hace que aumenten las reservas y el interés por la propuesta”.
Para Daniel Greve, Chair de 50 Best Restaurants para el Cono Sur de Latinoamérica, “la lista del 51 al 100 es una lista secundaria, pero es una lista que te da luces de estos rising stars, de estos proyectos gastronómicos que están al alza, que están haciéndose notar y que tienen grandes posibilidades de formar parte de la lista principal, que es la del 1 al 50”.
En esto coincide la periodista Ligia Velásquez, quien celebró que en este shortlist hubiera cinco venezolanos involucrados, uno en Venezuela y otros en distintas partes de Latinoamérica: “Me parece que es un reconocimiento a que no importa en qué lugar del mundo esté el cocinero, este lleva a su país en alto a través de sus sabores o de sus propuestas, demostrando que, sin importar dónde estén, llevan a su país en alto”.
Greve lo explica con claridad: “No existe una forma de entrar. No hay postulación. Se hace por voto voluntario, abierto y anónimo de un panel de expertos, con paridad de género y renovación anual del 25 % de los votantes”.
Según él, lo que sí pueden hacer los restaurantes es mostrarse: participar en cenas colaborativas, formar parte de festivales, hacerse visibles en distintos encuentros. “Además de ser estratégico, dice, se va formando una comunidad. Hay un intercambio cultural muy potente, que el 50 Best ha ido estimulando”.
Sobre el cruce regional que mueven las listas, Alejandro Chamorro, de Nuema, señala que esa evolución se puede sentir, por ejemplo, “una de las escenas gastronómicas que más está creciendo es la centroamericana”. Y añade: “Se ve un trabajo cada vez más compacto entre los actores, lo que dinamiza las ciudades gastronómicamente. También es bonito ver el surgimiento de países emergentes como Bolivia, Venezuela y República Dominicana, que hacen que la lista sea cada vez más inclusiva”.
Joana Munné, cabeza de la agencia Sibaris, que impulsa las relaciones públicas de varios restaurantes de la lista, recuerda que la comunicación gastronómica especializada es determinante: “Comunicar bien significa traducir con veracidad el discurso del chef, porque muchas veces él puede expresarlo en su cocina, pero no necesariamente en palabras. Por eso es tan importante la inmersión y entender profundamente su mensaje”.
Y añade: “Las relaciones públicas permiten intercambiar cultura, ingredientes, técnicas e historias. Un buen PR conecta al cocinero con personas que transforman su camino, dándole nuevas herramientas y una perspectiva más amplia para avanzar”.
El chef Jaime David Rodríguez, de Celele, mira la lista extendida con optimismo: “Me gusta lo que pasa con la lista, esa diversidad y cómo se sacude para dar entrada a más conceptos gastronómicos. Obvio que me gustaría ver más restaurantes, pero el tope es 100. Hay mucho talento en la región que estará en el futuro. La lista como plataforma nos da visibilidad ante el mundo, y la gente puede tomarla como guía para pasearse por tantos destinos como sabores en Latinoamérica”.
Entre expectativas, estrategias y nuevas voces, la lista extendida del 51 al 100 se consolida como el espacio donde nace la próxima generación de referentes gastronómicos de América Latina. Aunque no pertenezca al grupo principal, su impacto es real: funciona como un radar de proyectos emergentes, nuevas narrativas culinarias y cocineros que empiezan a ganar presencia internacional.
Y, en un momento en el que proliferan rankings y premiaciones de dudosa credibilidad, listas donde se paga por aparecer o por retirar un premio, y que terminan vendiendo humo más que trayectoria, vale recordar que Latin America’s 50 Best Restaurants se sostiene sobre un panel diverso, votos anónimos, renovación constante y una curaduría reconocida en la industria.
Por eso, más allá del puesto que ocupe cada restaurante, esta lista importa: porque legitima, orienta y refleja un trabajo auténtico que sí mueve la aguja en la gastronomía de la región.
Gerente de Marketing hasta hace 15 años cuando decidió dedicarse a leer. Adelaida Jaramillo es directora de Palabralab y licenciada en Comunicación Social con mención en Literatura y Periodismo. Como Máster en Gestión Cultural comenzó a explorar conexiones entre la literatura y otras expresiones artísticas como el teatro y la gastronomía. Así llegó al periodismo cultural y gastronómico de los que sigue aprendiendo. Edita los textos de la revista gastronómica Mise ‘N Place.
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