Como buen guayaco, tengo mi chifa de cabecera. Aquel que cuando llamas por teléfono para pedir a domicilio, ya estás registrado en la agenda del dueño. Es gratificante esa complicidad que produce que en un chifa te digan: “lo de siempre señor xxx ?”
My weapon of choice en Guayaquil es el Gran Rubí. Está ubicado en la Alborada, calle Agustín Freire Icaza, frente al Garzocentro al lado de Almacenes Estuardito, junto al parque. Por alguna extraña razón también venden cerámicas chinas (algunas bonitas, otras muy kitsch). Tiene una fuente interior con unas cuantas tilapias que ingenuamente ignoran que algún día van a terminar en un plato.
El chaulafán que tienen es contundente. Sin prejuicios, creo que pone los camarones más grandes de cualquier chifa de ese rango de precios. Su wantan frito es correcto, su relleno es carne misteriosa, como debe ser. Es una carta que no propone nada extraordinario, sino lo que se espera de un chifa. Ni más, ni menos.
En honor a la verdad, quien descubrió ese chifa fue mi hermana, y en efecto ella está registrada en el Whatsapp y cuando hace un pedido, a ella SI le dicen “lo de siempre señola Ingli?”
Ahora voy a hacer una confidencia. Que viene con una historia.
En la calle Chimborazo dirección Sur-Norte al bajar del paso a desnivel que tiene un semáforo en la calle Colón (Barrio chino, por la Bahía) a mano izquierda se encuentra la Fuente de Soda He Jinhe. Todos los días veía que en el local había un chino haciendo fideos. Con las manos, sobre un mesón de acero inoxidable, al estilo tradicional.
Un día la curiosidad me ganó y decidí ir. Hay que parquearse lejos y caminar, pero la verdad es que es una experiencia life changing.
No es un chifa, es un lugar que vende fideos. Nada más. No hay chaulafán. Solo hay “tallarín seco o tallarín sopa”. Y hay variación de eso con “chancho o pollo” (antes había la opción “carne”, pero parece que desapareció del menú). Mi opción personal es “sopa wantan”.
Las comillas y los nombres puestos así no es casualidad. El dueño no habla español, y creo que es medio duro de oído (habla un poco alto) entonces solo se comunica con ese español mocho. Uno puede preguntar todo lo que quiera, pero va a terminar en lo mismo, así que recomiendo que vayan a lo seguro y le digan claramente, mirando a los ojos “TALLARÍN, SOPA, CHANCHO” ahí les va a entender perfectamente.
El plato es generoso, caldo base con un vegetal chino de un sabor semiamargo que lo sirven con tallo y hojas. Fideos y proteína. En la mesa hay dos cosas: salsa de soya y un ají radioactivo que solo puede ser descrito como MALDITO. Dos gotas de ese ají sirven para un plato. Una cucharada puede provocar ceguera o locura. O ambas.
Este plato es austero pero cumplidor. Todas las personas que he llevado ahí coinciden que el lugar es algo sórdido, pero la sopa es espectacular.
Ahora, la confidencia: La sopa de wantan de ese chino es Mano de Dios para el “chuchaqui”. Quizás mejor que un encebollado. No me crean, vayan y prueben.
Y con esto terminamos este viaje. Porque en eso se basa esta maravilla que es la comida china, es variada y muta de paladar en paladar. Y todos vamos a tener una hueca favorita que a nuestro juicio tiene “el mejor chaulafán del planeta tierra”. Así que no sean malitos y compartan el suyo. Yo aún estoy buscando el mío en Quito.
Dónde encontrar estos lugares:
https://maps.app.goo.gl/Ta8ycvKZioJ3NPa56
https://www.instagram.com/restaurantegranrubi/?hl=es
Diseñador Gráfico de vieja escuela, Daniel Nogales descubrió que asar carne produce paz y equilibrio en el alma. Con un poco de espíritu aventurero y escaso sentido común, ocupa sus ratos libres buscando lugares de expendio de comida interesante. El truco es encontrar placer en un plato de mercado, como en un Surf & Turf en Las Vegas. Porque en esta vida lo único que vale es ser auténtico. Y el resto es vanidad.
todo en su lugar, todos en la mesa
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