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Foto: Restaurante Joun Yep

La importancia de tener un chifa parte 1

Daniel Nogales

@daniel_nogales

Es de conocimiento público que es recomendable en esta vida tener dentro del círculo cercano: un médico, un abogado y un contador. Yo a eso le podría agregar una cosa: un chifa de cabecera.

Es que pocos estilos gastronómicos son tan versátiles (y apetecibles) como la comida china. Es posible que sea la comida más difundida a nivel mundial, desde Amsterdam hasta Dubai; desde Lima hasta São Paulo. En todo el planeta es probable acceder a un “arroz saltado en wok con verduras y misteriosa proteína” o una “sopa base con verduras y dumplings”. Y ni hablar del “tallarín saltado con verduras y misteriosa proteína” por cierto, los dumplings suelen estar rellenos de (adivinen): “misteriosa proteína”.

Esa magia asiática para aprovechar la proteína animal de todo tipo, todo lo que camine, nade, vuele o se arrastre es potencialmente delicioso. Es la expresión máxima de satisfacción y respeto hacia la cadena alimenticia.

Es que lo maravilloso de la cocina china es su poder de adaptación a donde llega. Dice la leyenda que el “chaulafán” se inventó en una cocina donde había sobrado arroz del día anterior y el cocinero decidió meterlo en un wok caliente con las sobras de pollo, cerdo, camarón y unas cuantas verduras. Eso, salsa de soya y un huevo… y voilá: Fried Rice.

Guayaquil, como buen puerto, es una enorme olla donde se mezclan nacionalidades, culturas, razas, religiones y por supuesto, sabores. Hay miles de chifas, pero en esta ocasión vamos a mencionar unos cuantos que valen la pena.

Sin faltar el respeto a la nueva oferta fusión asiática, que mezcla camarones con maduro y salprieta, en una fina cama de fideos de arroz… en ocasiones hay que ir a lo seguro.

Y nada es más seguro como el Joun Yep, en Los Ceibos. Fundado en 1972, es un time machine culinario, ofrece una carta tradicional donde se conjugan sabores chinos y una carga de nostalgia de tiempos más sencillos. Recomendado a ciegas, el plato de BBQ con los micro pinchitos alineados alrededor de una micro parrilla que llega a la mesa encendida. En lugar de grill, tiene una rejilla de ducha, de los baños antiguos. Verla funcionando es un viaje… y los pinchos de cerdo o pollo agridulce son cumplidores.

Mención aparte: la sopa de pichón. Caliente y confortable. Como frazada de abuelita.

El nunca bien ponderado Queens Dim Sim, de la Ciudadela Bolivariana. Lo conocí en una casa chiquita en la Garzota. Hoy está frente al colegio Pasionista. Sabes que el lugar es bueno, cuando vas el fin de semana y eres el único mestizo entre los comensales.

La carta es tradicional cantonesa, pero su variedad de dumplings es su fuerte. Y eso que con el tiempo han ido desapareciendo algunos, quizás por falta de acogida, aunque creo que más por desconocimiento del cliente… que no sabe lo que se perdió.

Es que para Dim Sum, hay que ser un poco aventurero, porque si uno nada más lee en la carta que hay 3 platos que son descritos como “chancho y camarón, al vapor” uno pensaría que es lo mismo, o que nos están tomando el pelo. Pero no. Hay uno que es como empanadita, otro que va envuelto y uno que parece un huevo de “Alien” de H.R. Giger. Y los tres saben distinto.

A ese lugar siempre se vuelve, sea a repetir un plato que te gusta, o para experimentar uno que viste en la mesa de al lado la ultima vez que fuiste.

Yo siempre regreso por una cosa: Nu Mi Zi. 

No sé que significa, pero es una masita de harina de arroz al vapor, rellena de un delicado custard de huevo y cubierto de coco rallado.

Tengo la teoría que cuando uno se muere, y si se ha portado bien, lo mandan arriba y en la sala de espera hay una salita con mullidos muebles hechos de Nu Mi Zi. Asi, mientras uno espera su turno, va pellizcando el sofá mientras deciden donde ubicar tu alma.

Pero no me crean. Vayan y pídanlo.

Diseñador Gráfico de vieja escuela, Daniel Nogales descubrió que asar carne produce paz y equilibrio en el alma. Con un poco de espíritu aventurero y escaso sentido común, ocupa sus ratos libres buscando lugares de expendio de comida interesante. El truco es encontrar placer en un plato de mercado, como en un Surf & Turf en Las Vegas. Porque en esta vida lo único que vale es ser auténtico. Y el resto es vanidad.