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Guagua
Foto: Cyrano

Guaguas y coladas con historia

Juanse Palacios
@eljuansepalacios

En Quito, octubre tiene sabor a morado. Aroma a frutas calientes, clavo de olor, masa recién horneada y recuerdos de abuelas que siguen presentes entre cucharones y bandejas. Todos los años aparecen las mismas rutas, los mismos listados de “las mejores coladas” o “las guaguas más bonitas”. Pero esta vez quisimos mirar distinto.

Este top of place no es sobre quién gana, porque en la tradición nadie compite, sino sobre quién logra contar algo propio a través de una guagua o una colada morada.

Uko: el silencio de los sabores bien pensados

Uko no necesita escándalo para destacarse. Su guagua rellena de higos con queso es una muestra de equilibrio: masa fresca, sabor sobrio, sin pretensión. Es la versión adulta de la guagua de pan, la que se toma con café después de un buen almuerzo, cuando el dulce deja de ser exceso y se vuelve conversación. Aquí, la tradición no grita: susurra, y lo hace con elegancia.

Honey & Honey: tradición en clima templado

Si alguna colada morada puede tomarse fría sin perder el alma, es la de Honey & Honey. Dulce y cítrica, de esas que se dejan beber lento, equilibrada, con carácter y frescura. Su guagua de guayaba acompaña como cómplice: masa ligera, relleno que evoca recuerdos, colorido.
Es la versión urbana de octubre: tradición que entiende de una colada con guagua durante la tarde lluviosa.

Cyrano: el peso de la costumbre

No hay octubre quiteño sin Cyrano. Sus guaguas son parte del calendario, casi una postal. La de chocolate sigue siendo la favorita tierna, generosa, impecable, mientras que su colada morada se mantiene fiel a ese estilo dulzón que despierta nostalgias o polémicas.
Sí, es la más dulce. Pero también es la que más infancia evoca. Cyrano es la tradición institucionalizada, la que no cambia porque no necesita justificarse.

María la Panadería: pan y memoria

En María la Panadería, la guagua huele a masa recién hecha y a horno de barrio. Hay un sentido de lo artesanal, de lo hecho con manos y paciencia. Su colada, especiada y profunda, no busca ser moderna, sino honesta. Es un lugar donde el pan todavía se siente pan, y donde la colada no compite: acompaña.

Chuta Madre: la fiesta del morado

En Chuta Madre, octubre no se celebra con solemnidad sino con alegría. Su colada tiene carácter: intensa, con cuerpo, con ese perfume de frutas que llena el aire. La guagua, por su parte, es pura energía —masa viva, textura casera, sabor franco.
Aquí la tradición se baila, no se reza.

El sabor que resiste

Cada año cambian las recetas, los rellenos, las formas. Pero hay algo que no se toca: la necesidad de reunirnos alrededor del pan y la colada, de mantener vivo un rito que sobrevive a los listados y a las modas.

Este top of place no busca coronar a nadie. Solo recordar que mientras haya guaguas que sepan a casa y coladas que huelan a historia, octubre seguirá teniendo sentido.

Administrador gastronómico con un Máster en Periodismo y Comunicación Gastronómica (Food Studies, España). Desde 2012, Sebastián Palacios (JuanSe) ha trabajado en consultoría, administración y servicio en restaurantes. Es fundador de Ecuador a Bocados, plataforma que destaca el quehacer gastronómico del país más allá del plato. Actualmente es Supervisor General en Cyril Boutique y columnista en “Crítica a la crítica”, entre otros espacios.