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Foto: Adelaida Jaramillo

Rapsodia Gourmet: el sabor del poder

Adelaida Jaramillo
@adeljar

Leer Rapsodia gourmet de Muriel Barbery es aceptar la invitación a una mesa incómoda. No por lo que se sirve, sino por quien habla. Desde la primera página, la autora se atreve a algo que no es menor: construir una voz masculina, la de un crítico gastronómico temido, respetado, casi omnipotente, tan verosímil que yo no dudé de ella ni por un segundo. Esa certeza habla de una investigación profunda del personaje, pero también de una comprensión aguda del mundo que lo rodea: el de la crítica gastronómica como espacio de poder.

El narrador pertenece a una especie que hoy parece en extinción: esos críticos capaces de cerrar restaurantes con su pluma, de consagrar o arruinar trayectorias desde su columna. Barbery exhibe su conocimiento sobre el tema, pero la novela no romantiza ese saber. Lo problematiza. Porque, como dice la voz narrativa, “en toda actividad, noble o denostada, siempre cabe un destello de omnipotencia”. Y cuando el criterio personal se vuelve ley, el poder deja de ser un accidente y pasa a ser una tentación.

La rapsodia que compone este hombre moribundo es, en el fondo, un ajuste de cuentas. No solo con la gastronomía, sino con su vida privada. Detrás del crítico infalible hay un esposo infiel, un padre distante, un hombre cuya familia lo resiente con tal profundidad que, ahora que agoniza, desea que la muerte llegue rápido. Barbery no pide compasión por él; al contrario, nos obliga a mirar la paradoja: en público hay grandeza, en la intimidad pequeñez.

Hay, además, una capa apenas insinuada pero profundamente inquietante: la posibilidad de que ese mismo poder ejercido sobre los restaurantes haya sido impuesto también sobre los cuerpos. Cocineras sometidas no solo a la humillación profesional, sino a situaciones incómodas —quizás abusivas— porque él podía hacerlo. Esa mención breve bastó para hacerme pensar en la desigualdad persistente en las cocinas, en todo lo que las mujeres han tenido que atravesar para recuperar un liderazgo que históricamente fue suyo y que el escenario gastronómico moderno les arrebató durante demasiado tiempo.

El recorrido sensorial de la novela es brillante. El personaje se pregunta “qué sabor alberga en lo más hondo de su ser” y, desde allí, revisita escenas fundacionales: su primer encuentro con un crítico, las cocinas de países con tradiciones más diversas que la suya, las mesas de la alta gastronomía. El crítico nos hace pensar en la industria cuando dice que “no hay gran cocina, antes al contrario, sin evolución, sin erosión ni olvido”, pero a la vez que “las palabras, esas que nacen de una reunión de hermanos campesinos” pueden ser más exquisitas que cualquier manjar. Hay reconocimiento en la innovación, sin olvidar la tradición.

Sin embargo, después de tanto refinamiento, el sabor final, ese que queremos descubrir desde el inicio de la novela, no viene de uno de sus descubrimientos de su carrera gastronómica, sino de unos simples buñuelos comprados en el supermercado. De nuevo una paradoja: el crítico, al final de sus días vuelve a lo sencillo. Son esos buñuelos lo que lo conectan, por fin, con la vida. “Me habría podido pasar escribiendo la vida entera sobre él y me pasé la vida entera escribiendo contra él”. La frase resume la tragedia: el crítico que olvidó el goce mientras lo analizaba.

Rapsodia gourmet cierra con una afirmación que resuena más allá de la literatura gastronómica: “Comer no es la cuestión, tampoco vivir, sino saber por qué”. Barbery nos recuerda que el gusto, como el poder, exige responsabilidad. Y que incluso el paladar más educado puede perderse si olvida para quién, y desde dónde, prueba el mundo.

Gerente de Marketing hasta hace 15 años cuando decidió dedicarse a leer. Adelaida Jaramillo es directora de Palabralab y licenciada en Comunicación Social con mención en Literatura y Periodismo. Como Máster en Gestión Cultural comenzó a explorar conexiones entre la literatura y otras expresiones artísticas como el teatro y la gastronomía. Así llegó al periodismo cultural y gastronómico de los que sigue aprendiendo. Edita los textos de la revista gastronómica Mise ‘N Place.