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Foto: Freepix

Arroz modificado genéticamente en Ecuador. Lo que debes saber si te importa lo que comes

Adelaida Jaramillo
@adeljar

En mayo de este año, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) del Ecuador aprobó el ingreso de arroz con “edición génica” para su registro y comercialización. Esto ha generado polémica porque, aunque se presenta como una innovación tecnológica en el agro, muchos expertos señalan que esta decisión contraviene la Constitución y la Ley Orgánica del Régimen de Soberanía Alimentaria del país, que prohíben expresamente el uso de semillas genéticamente modificadas por los posibles riesgos para la salud humana, la biodiversidad y la cultura alimentaria.

¿Qué es la edición génica y por qué es distinta a los transgénicos?

La edición génica es una técnica más reciente que permite modificar el ADN de una planta sin introducir genes de otra especie, como ocurre en los transgénicos tradicionales. La herramienta más conocida para hacerlo se llama CRISPR. El resultado es un cultivo que, por ejemplo, puede ser más resistente a ciertas enfermedades o herbicidas, o que rinde más.

Sin embargo, aunque técnicamente la edición génica y la transgénesis son diferentes, ambas implican manipulación genética, y para muchos científicos, organizaciones campesinas y defensores de la soberanía alimentaria, los riesgos y consecuencias a largo plazo siguen siendo inciertos.

¿Qué significa esto para nuestro arroz?

El arroz que se busca introducir en Ecuador está modificado para ser resistente a herbicidas. Es decir, está diseñado para soportar productos químicos que eliminan las malezas sin afectar el cultivo. Esto puede sonar eficiente, pero implica el uso intensivo de agroquímicos —algo que afecta la salud del suelo, del agua y, potencialmente, de quienes consumen los productos o trabajan en el campo.

Ventajas según sus defensores:

  • Mayor productividad: los cultivos editados pueden rendir más y ser más resistentes a plagas o condiciones climáticas adversas.
  • Menor pérdida por enfermedades o malezas.
  • Promesa de autosuficiencia en ciertos cultivos básicos.

Desventajas y riesgos según sus críticos:

  • Uso intensivo de herbicidas, con consecuencias ambientales y para la salud humana.
  • Dependencia de semillas patentadas: los agricultores no pueden guardar ni reutilizar semillas, lo que limita su autonomía.
  • Posible contaminación genética de variedades nativas o tradicionales, lo que pone en riesgo la biodiversidad.
  • Contradicción legal: Ecuador es uno de los pocos países en el mundo con una Constitución que protege expresamente las semillas y prácticas agrícolas tradicionales. Esta decisión puede sentar un precedente peligroso.

¿Y qué tiene que ver esto con la gastronomía?

Todo. Si nos importa de dónde viene lo que comemos, si defendemos las cocinas locales, las prácticas agrícolas sostenibles y el respeto a la biodiversidad, entonces este debate no es ajeno. La decisión del MAG no solo tiene implicaciones técnicas o legales: toca directamente la manera en que cultivamos y concebimos nuestros alimentos. Nos obliga a preguntarnos qué tipo de agricultura queremos para el país, qué modelo de alimentación promovemos y qué estamos dispuestos a defender en nombre de la innovación.

Porque sí: el arroz que llega a nuestra mesa también es un asunto político.

Gerente de Marketing hasta hace 15 años cuando decidió dedicarse a leer. Adelaida Jaramillo es directora de Palabralab y licenciada en Comunicación Social con mención en Literatura y Periodismo. Como Máster en Gestión Cultural comenzó a explorar conexiones entre la literatura y otras expresiones artísticas como el teatro y la gastronomía. Así llegó al periodismo cultural y gastronómico de los que sigue aprendiendo. Edita los textos de la revista gastronómica Mise ‘N Place.