“Anda a Bellas Artes”. “Tienes que ir a la Casa de Frida”. “Sí o sí ve para Xochimilco”. “Hospédate en La Condesa”. “¿Vas a subirte en los globos en Teotihuacán?”. Anda a esto, ve a aquello… Casi me arrepiento de haber pedido recomendaciones para mi viaje a CDMX. Si no fueron miles: parecieron. Museos, sitios históricos, zonas en donde alojarme, discos, comida callejera, bares y restaurantes. Son tantas las cosas que se pueden hacer en esta ciudad que cambié mi plan a fluir. Lo que salga, lo que me encuentre caminando o a la distancia que me permita la bicicleta. Pero una de las pocas cosas que anoté fue “Ir a Maizajo”, porque se repitió tanto que ¿cómo no ir a Maizajo?
Anoté la ubicación, la distancia desde el Airbnb, leí horarios, reseñas y, el día en que me cancelaron una llamada de trabajo que tenía al medio día, renté una bici pública, pedaleé 10 minutos y llegué al Molino que es, básicamente, la entrada al restaurante, en donde puedes comprar masa, tortillas y salsas para llevar y abre antes que el restaurante. Mientras esperaba 15 minutos hasta que abrieran la barra (las reservas estaban a full), alcancé a ver a lo lejos al staff en, lo que yo creo que era, la reunión de equipo diaria, a esa hora en la que aún se siente la calma antes del rush del día.
La atención en la taquería fue muy cercana. Nos fueron ubicando por orden de llegada en los espacios libres. También podías comer de pie frente a la barra de mosaicos naranja que se extiende hasta el fondo. A mi me tocó frente al tortillero y cerca de las salsas (el mejor lugar para ubicarte). Pedí un agua fresca de horchata. La detesto. Pero esta me hizo cambiar de opinión. Me ganó su textura ligera, pero con cuerpo, las astillitas de canela y un aroma dulce y avainillado muy particular.
Uno de los cocineros me recomendó un taco de kimchi y por supuesto acepté. Esperé paciente hasta que llegó uno de los seis tacos que se habían servido el día anterior en el pop-up con la chef Kala Sung. No recuerdo el nombre exacto del taco, ni del kimchi, pero sí la fiesta que hubo en mi boca. Estoy empezando a amar las recomendaciones.
Los comensales a mi lado se iban, pero enseguida llegaban otros nuevos. Nuria, una española que estaba a mi lado, me dijo que pidiera la costra de brisket. Ella la había probado el día anterior y, considerando que volvió por ella la pedí y le agradecí cada mordida de esa carne que tan suave y jugosa. Cerré con la flauta de papa, rellena de puré y acompañada de salsa verde y crema. Equilibrada y perfecta.
Irónico que ahora soy yo quien da las recomendaciones y la primera va a ser ir a la calle Fernando Montes de Oca 113 y llegar a Maizajo.
Entre moda, restaurantes y una obsesión por los detalles, Juan Quinche (Juan Qui) comparte una forma muy personal de vivir la gastronomía. Aunque trabaja en estrategia digital para retail de moda, desde hace tres años documenta bares, cafés y restaurantes que conectan con su estética y forma de ver la vida.
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